Vasco de Quiroga

 16 de septiembre 1953

La Vanguardia 


Vasco de Quiroga

N 1518 se publicaba en Basilea, y creo que al par en Lo- este libro, famosísimo, nada leído hoy día, pero que no deja de ser citado en ringuna cátedra de Derecho Público, So- ciología e Historia, se articula un vasto plan para comunizar a la sociedad humana: comunicación de bienes, autoridad rectora y hasta promiscuidad erótica o amor libre. Nada hay nuevo debajo del sol, y si los comunistas actuales tuvie ren esa «lógica histórican, que tanto se parece a la adhesión del hijo al padre y sumisión de una exacta filogenia, debieran hallar en Morus el inicio o antecedente de su tesis, mejor que en Marx. Porque toda la posición de Marx, tan pu- ramente décimonona, tan servilmente tomada de la observación de la sociedad inglesa, «y nada más que de la sociedad inglesas y esto es de importancia suma, porque declara visión parcial, limitación de paisaje, es sólo una petulan cia de escuela, queriendo hacer científico un socialismo o un comunismo que antaño fué utópico, y nada más que utópico puede ser, según han demostrado los formidables hechos de este siglo, a menos que la sociedad comunizada de producción sea de tipicidad religiosa. Porque, sépase bien. y sépanlo los comunistas y los que no lo son: ni en Rusia, ni en parte alguna del mundo está organizado hoy en día un comunismo auténtico: comunicación de bienes, abolición del salario y de la economía monetaria, autoridad patriarcal, y no juridica o estatal. Un verdadero comunismo es esto, y, claro es, siquiera sugestivo, como un poema que nos cantara al oído para adormecernos; esto es, irrealizable. Lo que hoy se llama comunismo, que implantó Lenin, desde la promulgación de la llamada Nueva Economía, en 1921, borrando el primer inter.to de un verdadero comunismo «apro- ximado», con su sistema de vales de consumo ordenados según horas de trabajo, es otra cosa muy distinta: es capitalismo de Estado. Subsiste el capitalismo pura y simplemente, con su institución caracterizadora, el contrato de salario, subsiste en cuanto a la plusvalía, que Marx halla, detraída al obrero, en el valor de la mercancía, y que es atribuída al Estado. El Estado se hace única y colosal empresa capitalis- ta, y esto es todo. Que haya muchos capitalistas, o haya uno sólo, no hace nada, en perfecta especulación mental, a la mutación de sistema. Tampoco el Estado comur.ista repre- senta a la sociedad total de los proletarios; es un organismo de funcionarios superpuesto a la sociedad no oficial, como en todas partes. Tampoco por este lado hay la más leve novedad. Todo es cansado, gastado, antiguo, y en el curso de la evolución humana hacia la libertad aquella que estimaba Hegel como fin de la Historia no es un progreso contra un regreso; es, por el contrario, un regreso ello mismo. Sería de un candor ideal, verdaderamente enternece- dor, si no encubriera el apetito político, eso de llamar reaccionarias, desde el punto de vista del sediente comunismo, a las sociedades llamadas capitalistas, cuando lo que es reacción contra el adelanto hacia un «ideal socials superior es el comunismo mismo.

En España hubo un utopista, que dejó de serlo, porque hizo práctica y amorosa su propia utopia. ¿Qué antecedentes de esto y de aquello y de todo, no habrá en el siglo áureo de España, que contuvo dentro de su seno un vasto tumulto intelectual formador? Se trata del caso de Vasco de Quiroga. Era un comunismo de tipicidad cristiana y religiosa, y por ello fué posible. Este Vasco es uno de los personajes más egregios entre los recuerdos españoles. En Méjico, donde operó sus limpios ensayos sociales, es alejanamenten po pular; conocen su nombre el aldeano, el hombre de la ca- lle, como se conoce el mito y como se mira desde lejos a una estrella. En España no lo es. y su nombre apenas lo frecuentan  los historiadores de America. Era de Madrigal de las Altas Torres, lo mismo que Isabel la Católica. Había na- cido en 1470. Cuando murió, en 1565, en Uruapán, del país. michoacano de Méjico, contaba pues, los noventa y cinco años de su edad, semejante en longevidad estudiosa, en esta poesia de cabellos bancos, a aquellos filósofos griegos de la escuela de Mileto, los más de ellos center.arlos, comedores de dulces higos y bebedores de agua pura, que fue- ron los fundadores del penesamiento occidental. Toda su vida había sido Vasco de Quiroga jurisperito, oídor de Audiencia. Tenía sillón en la Audiencia de Valladolid, que presidía el obispo de Badajoz, no en cuanto canonista, sino en cuarto civilista. Este presidente de Valladolid recomendó al Consejo de Indias que este Vasco de Quiroga pasara a la mejicana Audiencia, aun contra su deseo. Era en 1535. En Méjico fué Quiroga el más singular oidor que habían con- templado aquellas costumbres. Reservándose estrictamente lo necesario para un sustento de asceta, daba la casi tota- lidad de sus emolumentos a un hospital para pobres, que fundaba. Esta extrañeza de un jurisconsulto que no amaba al dinero, contra lo que es uso sentimental de jurisconsulto, fué sabida de Carlos V, que andaba buscando obispo para la diócesis y tierras de Michoacán. Se le introdujo al empera- dor entre ceja y ceja hacer obispo a Quiroga. Mas, ¿cómo, si era lego y no eclesiástico? El Papa concedió todas sus benevoler.cias, y en un solo día, Vasco de Quiroga fué ordenado sacerdote y erigido obispo. Desde 1537, que era la sazón de estos sucesos, hasta 1565, durante casi treinta años, este hombre de una agerasia formidable o vejez erecta, como los patriarcas de la Biblia, y que al tiempo de su designación episcopal, ya contaba sesenta y siete años, fué obispo de Michoacán.

Esta provinela mejicar.a. habitada por los tarascos, en nada se asemejaba al país de los aztecas, en la época precortesiana, siempre sus enemigos. Los tarascos hablaban un idioma musical, si bien bárbaro y de aglutinación, leve como el pffano o quena, que suena entre cañas y ondulantemente silbante y de miel. Tenían una especie de sumo pontifice, antes de la llegada de los cristianos, que sustentaba la idea de un Dios inmaterial; vestian coloristas ropajes: eran de costumbres pacíficas y la mejor obra de sus artes era el petatl, manto y tejido de plumas, con que formaban maravillosos mosaicos, tramando plumas de todas las aves de colores, unas con otras, especialmente las de quetzal. que son grandes y de un colorido de paleta de pintor, con las del minúsculo colibrí, que son pequeñísimas, cada una no mayor que una lenteja, pero de un verde metálico de gema, como una chispa que arroja luz. Para Felipe II mandó hacer Vasco de Quiroga algunos de estos tejidos de plumas y en El Escorial se conserva un petatt de éstas, en forma de tiara. El país era de horizontes risueños; la capital, Pátzcuaro, estaba junto a un lago de quieta ondulación rizosa, como una superficie de estaño. En este pais instituyó Vasco de Quiroga un comunismo posibles. No se trata de una anécdota más o menos curiosa. Se trata del único ensayo de comunismo prácticamente realizado que ha existido en el mundo. No ha habido otro, «ni hay otros, y esto es lo que da al caso su extraordinario volumen histórico. Otro día narraremos al piadoso lector, si no siente hastio, el mecanismo social y económico de tal ensayo «cumplidos, y que no terminó sino cuando los obispos y corregidores de Michoacán ya no fueron Vascos de Quiroga.

FRAMIS



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