El domingo último,como teníamos anunciado, se celebró en la hermana villa de Madrigal de las Altas Torres el baile titulado LA LLANURA, en honor de todos los de Casa
A las ocho y media de la noche partieron tres automóviles desde el Salvador, ocupados por todos los redactores personal de la Imprenta y el jazz-band Voluntad, vistiendo los chicos de la Prensa pierrots blancos y de etiqueta rigurosa los músicos. A las nueve y media se entraba en la vecina villa, parando frente al Casino, donde fuimos todos muy amablemente recibidos por la junta directiva del Casino y jóvenes de la buena Sociedad madrigaleña, Poco después daba comienzo el baile.
El salón ofrecía un bellisimo aspecto, lleno de farolillos japoneses y adornada la araña central con fiecos multicolores, Algunos pierrots habían saltado a la pista, siendo sorpren- didos por la alegre entrada de un grupo de señoritas vestidas de castellanas.
Mariano Bicedió organizaba la danza desde
el centro del salón, haciendo de magestuoso guardia de la porra. Y a Lope Martin Mera y Mariano Sanz,castigaban de lo lindo.El oficial de la Imprenta repartia los números del día. Abujas se recreaba en la contemplación de una morena. Garcia Vara hacia por cobrar recibos. Felipe Sanz y
Eduardo Ruiz Ayucar se inclinaban galantes ante dos rapazas, mientras tanto, Escobar y Poyales alzaban profundos vasos de cerveza, brindando por Castilla y por Alemania Juan Hultzchreía bonachón.
El jazz animaba, llenando de optinismo y de alegia hasta a los más avanzadillos. Pasaban las horas ¡ay, sin sentir! y la alegría y la animación iban en escala ascendente. El cronista tomó lapiz y cuartillas y empezó a apuntar el nombre de algunas señoritas. Vimos a Maria Garzón, Amelia Barrado; Fidela, Belén y Mili de Partearroyo; Maria luz y Clotilde González; Amparo, Juanita, Adela, Felisa y Pastora Casado: Crescencia Martin, Teresita Yagüe, Maria y Enriqueta: Garzón Arribas; Esco y Teresa Garzon Isabel Garcia, Gloria Herrero.. y muchas, muchas más cuyos nombres sentimos no recordar. Cuando el baile estaba en mayor animacion, descendio una <<copiosima>>lluvia, de confetti,disparandose infinidad de serpentinas. Era bello el conjunto, pues, dentro de la confusión del baile, reinaba un completo orden. A las tres de la madrugada
empezó el desfile, tocando el jazz Voluntad la última pieza dadas las cuatro.
Solos ya los jóvenes madrigaleños y los redactores, empezó la verdadera compenetración, más que de verdad, de hermandad, prorrumpiendo en vivas a Madrigal y Arévalo que eran unánimemente contestados.
A las seis de la mañana entraban los automóviles en la plaza del Arrabal.
Pueblo de Madrigal: gracias, gracias sinceras y profundamente sentidas por vuestra fina atención, No somos nososotros
únicamente los agindecidos, es todo Arévalo.
De hi- dalga tierra somos ambos y jamás pagamos con la ingratitud. A la reciproca. Pero, sobre todo, gracias a vosotras, bellas paisanas de Isabel la Gloriosa. Vuestra belleza fué el a iorno, la animación, la alegria, el encanto de este bai- le donde unos cuantos arevalenses se sintieron por unas horas como en su casa. El cronista quisiera derramar toda la colección de adjetivos; pero, como todos son pocos, en nombre de LA LLANURA --desde el director, hasta el del último puesto esconden junto al corazón la flor jamás marchita de un recuerdo inolvidable...


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