19 octubre 1917
DE URBANIZACION
Las ciudades españolas y su arquitectura municipal
La entrada del alarife Francisco Fernández en la ciudad no fué em, resa fácil. No ostentaba aquélla en sus puertas como la toscana de Siena aquella frase que tanto ha hecho latir el corazón de Paul Bourget, cuantas veces la leyera: Extranjero, Siena te abre su corazón. No, por cierto. al dirigirse á la puerta es acosado por un ccnfuso grupo de gentes que vociferan desaforadamente. Son los posaderos de la ciudad, que en los días de feria, romería ó mercado apóstanse en las cercanias ofreciendo inmejorable acomodo y de quienes puede librarse al fin à fuerza de puños ó por aceptación de algunas de las hiperbólicas ofertas.
Tampoco es fácil trasponer el recinto murado. Aunque parezca perogrullada, para entrar por una puerta es preciso que esté abierta o que os dejen pasar por ella. Las de la ciudad del cuento no lo estaban. siempre, aunque según las Ordenanzas establecian, debían abrirse al alba y cerrarse después del Ave Maria», si el viajero llevaba en el bagaje determinadas mercancías de pago, debía pasar por ciertas puertas designadas de antemano, como por ejemplo el vino, que en Toledo sólo podía entrar por las de Alcántara, San Martin y Bagra, y en Granada por las de Elvira y Bib-al-mazan; ó bien si se había cometido en la ciudad algún delito, tocaban las campanas de señaladas torres, y al son, los portaleros cerraban las puertas para que no escapase el malhechor (y el que no lo fuese que se fastidiase), ya
dentro si tenía que salir, ó fuera si era viandante llegado de otras tierras,
Cuando Francisco Fernández hubo re- corrido la ciudad vió que no había urba nización sino dentro de las murallas, pues en aquellos siglos guerreros, la necesidad militar asi lo exigía. Los arrabales ó burgos eran de privilegio rea engo.
Las Ordenanzas de Toledo dicen: «Casas dévenias fazer que sean todas dentro de las cercas de los muros; é fuera de la cerca que sean á merced del Rey é á su mandato. Consentido un arrabal, según Lamperez, lo ocupaba gente baja ó allegadiza, que permanecía indefensa, pues exiglase que el barrio alcanzase gran des arrollo para que el Rey ó la ciudad otorgasen permiso para murarlo. El Fuero de Salamanca expresa bien esto: el emperador Alfodso Vil mandó hacer las murallas de la ciudad, y cuando estuvieron concluidas ordenó las del arrabai. La de Antequeruela, en Toledo, es un ejemplo sub. sistente de un caso análogo.
La forma de las ciudades obedecia á veces à un pensamiento completo, según tradición romana: la Roma quadrata. En León, por ejemplo, de perimetro regular perfecto; en Lugo, cuadrado con ángulos redondos; Santiago de Compostela rectangular à base de la Basilica del Apóstol y de sus monasterios; Avila, en forma análoga; Briviesca, cuadrada; y la más notable Madrigal de las Altas Torres (Avila) cuya muralla constituye una exacta circunferencia de 340 metros según el ma- pa de Coello. Esta regularidad no existia cuando las ciudades se formaron por aglomeración paulatina. La base so.ía ser un rastillo en una eminencia; à la falda se van levantando casas; cuando son ya un núcleo importante, desciende desde la fortaleza una muralla que abraza el caserio con todas la sinuosidades topogficas; ejemplos: Málaga, Peñafiel y tantas o'ras. En casos la formación fué por zonas concéntricas como Vitoria, y en otros el crecimiento es irregular en tiempo y extensión, como Toledo.
La urbanización interna de las ciudades (sigo parafraseando el dicurso de Lampérez) obedecia à la razón de su existencia; la base (castillo ó santuario) formaba como una acrópolis, ocupada por los edificios de importancia ciudadana en agrupación monumental; asi Barce ona, con la Catedral y los Palacios Municipal Episcopal y la Generalidad; Gerona, con la Cateral y palacio episcopal, lo mismo que en Tarragona ocupando el lugar del Arce romano, y Lérida con la Catedral incomparable. Las demás agrupaciones se destribulan á sus pies, y se diferenciaban por razón de la religión, la nacionalidad, los oficios y los estados socia es. EL EDRISI, famoso viajero árabe del siglo XII nos cuenta que la Córdoba musulmana se componía de cinco ciudades, cada una con su muralla, y de Segovia, nos dice que á poco de ser repoblada por Don Ramón de Borgoña en 1088, por una aglomeración de aldeas (tai vez, parroquias). Los documentos mozarábigo de Toledo dicen que la ciudad, en el siglo XII, la formaban cuatro partes distintas: la Almedina ó ciudad rimitiva, el arrabal de Santiago, el de labradores, y el de los ju díos, dando lugar à las julerias y more rías, con sus ordenanzas especiales como las de Burgos, Va.encia y Murcia entre éstas y los jardines de Toledo y Sevilla.
Los mozarabes tuvieron también sus barrios murados como la Aixarquia de Murcia, la de Sevilla y la de los Rabati nes de Valencia; y Lucena, de la que EL RISI, dice que es la villa de los judíos, en completa incomunicación.
Hubo barrios especiales cercados, por agrupaciones mercantiles. Así en el siglo
XIII hubo en Toledo un bazar de judíos
alcand, que contenía zocos ó mercados, una elcaicería y una sinagoga, que en el siglo XV dió lugar al claustro de la Catedral. Otros barrios aparte y murados fueron las mancebías. En Barcelona, cuando el Veguer, juraba el cargo en las gradas (graus) de la plaza del Rey, como signo de posesión, recorria à caballo el barrio donde se hallaban los burdeles.
Es curiosisima la relación que de la de Valencia hacen Lalaing en su Relación y el mare ués de Cruilles en su Guía Urbana de Valencia.
En barrios no murados pero si, espe ciales, se agrupaban los menestrales. El Ordenamiento de Fernando II cuando la toma de Sevilla, según su hijo el Sabio, mando y establecer calles et ruas departidas... cada una sobre si de cada mester et de cada oficio». Por mandato Real, nacieron y se desarrollaron esos barrios y las calles como Platerias, Zapatería, Boneteros, Cuchilleros, Bordadores, Curtido- res, Cedaceros, etc. Los de naciones tenía su fundamento en la unión de aquellas gentes que vinieron á guerrear ó á comerciar con los españoles. Se llamaban en los documentos francos 6 frangineos, pero los habla de diversos paises. El Fue ro de Salamanca menciona siete naturas,
sin contar los gallegos. En Sevilla hubo genoveses; en loro, perigordianos; en Pamplona, tolosanos; etc Los españoles también formaron barrios especia es, como el de Serranos, en Valencia, poblado por los montañeses de Teruel, y el de Catalanes, en Sevilla, autorizado en 1284 por Sancho, el bravo. Hubo, por fin, los barrios ó agru- paciones nobiliarios. Cáceres, es ejemplo


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