Félix Fernández

Recuerdos de la vida del maestro Félix Fernández a la hora de su partida

Félix Fernández estaba a punto de cumplir los 95 años.

Nació en Vega de Santa María

O.Velayos

El pasado día dieciséis, en Madrigal de las Altas Torres, el cuerpo físico de Félix Fernández García, auténtico hombre-maestro, dejaba este mundo, cuando estaba a punto de cumplir los noventa y cinco años. Hay personas a quienes la profesión les viene como un añadido, como un uniforme mal ajustado que se ponen y se quitan. 

D. Félix. por el contrario, se identificaba tanto con la suya que la ejercía en todo momento, dentro y fuera del aula, era difícil precisar donde acababa el maestro y empezaba el ciudadano.

Nuestros pueblos agrícolas castellanos, venidos a menos, habitados predominantemente por una población envejecida, están, muy habituados su pesar, a este goteo luctuoso de vecinos que marchan para siempre. El caso de D. Félix, sin embargo, tuvo un eco y significado especial en Madrigal, pues él no fue nunca uno más entre sus hijos.

VEGA

En realidad, ni siquiera había nacido aquí, sino en la pequeña localidad abulense de Vega de Santa María. No obstante, después de los muchos años vividos en la villa de Isabel La Católica y casado con una vecina del lugar, él se consideraba plenamente madrigalense y como tal era aceptado aquí ya por todo el mundo. Yo añadiría algo más: Félix era madrigalense, sí, pero eso se le quedaba corto, él fue además, ante todo, hombre de muchos caminos. Y en su larga andadura hubo sin duda felicidad y recompensa, pero también mucho de relegación y sufrimiento. De unas y de otros sacó lecciones este maestro, por eso de la vida sabía tanto, sus conocimientos, les aseguro, no fueron solamente librescos.

De estos, con todo, poseía no pocos. A los cinco años de edad fue llevado a la escuela por su madre, sin sospechar entonces que este sería el medio en que transcurriría la mayor parte de su existir: hasta los setenta años estuvo dedicado a la docencia. Pero no como un maestro más, del montón, la vida de D. Félix supera en incidentes, azares y desgarramientos la de muchos personajes de novela.

ESTUDIOS

Tras realizar los estudios de Magisterio en la Escuela Nor- mal de Avila, fue destinado sucesivamente a pequeñas poblaciones de Valladolid, Avila, León y, ya en el período republicano, a Oviedo. Aquí fue elegido representante y portavoz de una cooperativa que aglutinaba

a casi todos los ayuntamientos asturianos, lo que le acarrearía no pocos problemas al concluir. la guerra. De 1.937 a 1.939 se le asignó, además, el cargo de di- rector, en Cataluña, de una colonia de niños huérfanos o des- validos a causa de la contienda.

EXILIO

Terminada ésta, hubo de exi- liarse a Francia, donde perma- neció más de un año en un im- provisado campo de concentra- ción, y cumplir a continuación un período forzoso de trabajos en Melilla, para poder regresar por fin con su familia a Madri- gal, a fines de 1.940. Aquí per- manecería hasta 1.948. Sacar adelante, en aquellos años de postguerra, a un hogar con cin- co hijas no fue tarea fácil para un maestro tildado de "rojo": cada semana, como medida de control, debía presentarse ante el cuartel de la Guardia Civil y, aunque en cierta medida se le consintió ejercer la docencia -en clases particulares que im- partía- en nueve ocasiones se vió obligado a echar el cerrojo a su escuela.

VENEZUELA

En 1.949, tal vez cansado de tanto hostigamiento, Félix decidió trasladarse con su familia a Venezuela. Una encopetada señorona de Madrigal le espetó al enterarse: "Hace usted bien, que le hemos tratado muy mal". En Caracas pronto empezó a prestar sus servicios en el prestigioso Instituto Escuela, primero como profesor y después como secretario. Allí permaneció nada menos que quince años. En 1.964, al percibir que las circunstancias en España habían cambiado, regresó a su patria para proseguir sus tareas de maestro ahora ya reconocido oficialmente en Casavieja y Bercial hasta 1.968. Total, cuarenta y cuatro años y medio consagrados profesionalmente a la enseñanza.

Pero como profesional de la cultura, como amante del saber. ejerció siempre. hasta la lucidez de sus últimos días. Quienes conocimos de cerca a D. Félix no sólo nos hemos beneficiado. sino regocijado a veces también con sus "manías culturales". Apasionado e incansable lector, sus libros todos se hallaban salpicados de múltiples recortes fotografías o artículos tomados de la prensa relacionados con tal materia. Así si te veía interesado por un tema, lo mismo podía enviarte o dejarte preparado para la siguiente entrevista un libro selecto que lo trataba. un artículo publicado la semana un artículo publicado la semana anterior otro aparecido en "El Nacional" de Caracas hacía veinte años.

SUS LIBROS

Otra de sus "manías" era llenar libretas y libretas, agendas y papelitos incontables con datos cruditos tomados de sus múltiples lecturas y transcritos en una letra menuda y apretada, casi ilegible en su afán anacrónico

por ahorrar papel. Si un día te arriesgabas a quemarte las pestañas buceando en una de ellas podías toparte, así de pronto, con la distancia en millas entre Madrid y Caracas, con el árbol genealógico de Isabel la Católica, con una cita reflexiva sobre los beneficios de la lectura o con otra relativa a los anillos anuales de los árboles. Llegó a visitar además casi todas las ciudades españolas en su "vicio" de conocer todas las catedrales notables extendidas por nuestra geografía.

ADMIRACIÓN

Gracias a ello y sobre todo a su esencial cualidad de hombre de bien, honesto y cabal donde los haya, consiguió entre las personas que le conocimos ser amado por muchos, y apreciado, respetado por todos. Bien mereces. amigo Félix, este testimonio póstumo de cariño y admiración. Hoy, tras tu partida, bien podemos decir que, gracias a tu existencia, el mundo que te rodeó ha sido algo más rico en humanismo, más interesante y más feliz..

Durante muchos años vivió en Madrigal.

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