LA ESFERA
LO QUE RECUERDAN LAS RUINAS
MADRIGAL Y EL PASTELERO
Ace pocos días cumpliéronse trescientos veinte años de la sensacional ejecución en la horca del agustino fray Miguel de los Santos, efectuada en la plaza de Madrid, por virtud de sentencia dictada por los jueces que vieron el proceso y sancionada por la augusta majestad del severo Rey Don Felipe II.
Pocas semanas antes había sido también ejecutado en la plaza de Madrigal de Altas Torres, el plebeyo Gabriel de Espinosa, como reo del mismo delito de que la justicia acusó al citado monje y en el que también, aunque con responsabilidad muy inferior, alcanzó alguna culpa á la religiosa Dona Ana de Austria, sobrina del propio soberano de las Españas, á quien para castigar su inocente complicidad se la encerró en una celda del monasterio de Avila en reclusión rigurosa, por capa cio de cuatro años.
Del hecho escandaloso, que tanto preocupó á la gents de aquella época y por el que tan saveras penes fueron impues tan d los culpables, aún s conservan en aquel pueblo da la vieja Costilla, en que acaeciera, innumerables recuerdos, que ofrecen mayor interés al visitante y excitase curiosidad con mayor empeno que los que aún subsisten en el mismo lugar, relacionados con el nacimiento de la Infante Doña Isabel, que más ta:de fué la Reina Católica. y que por sí solos bastarían para airear la atención, si no viniera à empañar su sereno
Cale del Tostado y torre de la Iglesia parroquial de San Nicolás, en la que fue bastaada Isabel la Catolica, y a cuyo pletue ahorcado el célebre pastelero Gabriel de Espinosa
brillo el carácter trágico y sangriento del episodio antes citado que ha de recordarse con preferencia por sus excepcionales circunstancias.
COD
Fué el caso que hallándose establecido en su oficio de pastelero en una de las principales calles de Madrigal un portugués llamado Gabriel de Espinosa, hombre de escasa educación, pero de muy finos modales y extraordinario don de gentes, comenzó á correr la noticia de que el soberano portugués D. Sebastián, d quien se tenía por muerto, gozaba de vida y de salud, aunque nadie podía precisar á clencla cierta su paradero.
Había venido por entonces 4 España, desde el vecino reino de Portugal un fraile agustino llamado Miguel de los Santos à quien por haberse declarado fervoroso partidario del prior que la Orden te nía en Creta, obligósele á trasladarse a España. Este religioso intrigante y dotado de más travesura qué talento, habíase distinguido en la Orden y ocupado en ella los más elevados puestos. Al ser trasladado à Castilla nombrósele vicario de las monjas agustinas de Madrid.
En sus frecuentes visitas al convento que las religiosas de esta Orden habían establecido en el palacio que fue de los reyes en Madrigal de Altas Torres, por virtud de la donación hecha por sus augustos dueños en favor de la comunidad tuvo ocasión de conocer fray Miguel de los Santos à la profesa Doña Ana de Austria, hija de D. luan, que no de muy buen grado por su escasa vocación, encontrabase recluída en aquella santa casa.
Con motivo de estas visitas á Madrigal, entabló también conocimiento el vicario de las Agustinas, con el pastelero Gabriel de Espinosa, á cuya tienda pudo llevarle la afición á las golosinas que con tan extraordinario are confeccionaba aquél; en cuanto à le razón de la amistad y de la intima confianza que no tardó en unir al fraile con el pestelero, explícase mejor que por efecto de la casualidad, por la circunstancia de ser ambos compatriotas.
Quizá no fuera tampoco ajena á este hecho otra razón; la de haber encontrado el rellgioso un extraordinario parecido, así en las facciones como en la figura y modales. entre el modesto Gabriel de Espinosa y el Rey D. Sebastián, de quien tanto se hablaba en aquellos días. Y acaso fuera esta semejanza lo que motivó en la inquieta mente del traile la torpe intriga que se diera à fraguar y la que no tardó en poner en práctica. una vez planeado su maquiavélico proyecto.
Valiéndose de la escasa inteligencia y menor vocación claustral de Doña Ana, comenzó á fomentar en ella el deseo de verse libre de aqueIla vida, llegando á asegurarla que, interesado vivamente
por su destino había pedido á Dios en sus oraciones por el sosiego de su espíritu, la paz de su alma y el bienestar de su ser y que del Sumo
Torreón de planta pentagonal, Hamade castille, que defendía la entrada Occidental, y vulgarmente conocido con el nombre de puerta de Cantalapiedra
Hacedor había tenido revelaciones que le permitían prometerla que no solamente dejaría muy pronto el claustro, por ester llamada à cumplir misión muy distinta y en la que serviría á Dios del propio modo que en la clausura del convento, sino que llega ría á ser esposa del Rey Don Sebastián, del que sabía también por virtud de esas divinas revelaciones que estaba vivo y que con él habla de sentarse en el trono..
Al propio tiempo el astuto fraile haciale ver al pastelero lo sencillo que era para él fin- girse el soberano de aquel reino y estimulando su ambición y excitando su codicia con los relatos más fastuosos y sor prendenies de la vida cortesana, logró trastornar su razón en términos, que no le fué dificil convencerle de que ai gulendo sus instrucciones Triunfaría en la empresa y llegar á ser monarca de Portugal y esposo de la hija de D. Juan de Austria.
Para que con mayor confianza, seguridad y aplomo pudiera el pastelero desempeñar su dificil papel, hizo el fraile venir á varios portugue ses à fin de que le reconocie ran, y como todos ellos aseguraran con la mayor firmeza que era en efecto el Rey D. Se bastián y nadie mostrase la
Puerta de entrada al palacio en que naclo Isabella, Catolica, y en el que despues se estableció la comunidad de religiosas Agus.laas
menor sospecha de la supercheria, el bueno de Espinosa vestido con las galas que à au rango correspondien, aunque no todo lo fastuosas y ricas que para los actos de corte habría de emplear, puesto que aparecía mostrarse de incógnito, decidióse à ser presentado a la religiosa con quien no había de tardar en contraer matrimonio afirmando así la posesión de la corona portuguesa y su parentesco con el soberano de España.
Persuadida la infeliz Doña Ana de la honorabilidad del fraile y del carácter divino de aquellas revelaciones que le había comunicado, así como de su desinterès y bondad en cuanto à ella se refería, al serle presentado por el vi cario el pastelero Espinosa como el Rey D, Sebastián, no pudo pa sar por la mente de la monja ni la más ligera sospecha de que era vilmente engañada y la admiración y el respeto que le inspiró aquella primera entrevista no tardó en con- vertirse en la pasión amorosa que aquellos dos espíritus criminales, en vil consorcio, procuraron despertar en el ánimo de la religiosa que tan incautamente dejábase coger en las redes que la maldad ten- día. De aquella inteligencia amorosa, que fomentaba el astuto fraile, existe el indudable testimonio de las tiernas y apasionadas cartas que Doña Ana dirigiera à su promerido y cuyos originales se conservan.
Como la nueva de que el Rey vi vía cundió por toda España y aun pasó las fronteras y fue mucha la gente que vino de Portugal ansiosa de verle y acatarle, y no ya como rumor indigno de concederle crédito, sino como exacta noticia que se fundaba en afirmaciones. concretas y rotundas llegó á oídos. del soberano D. Felipe II, fué cosa de que la corte se preocupara hondamente, disponiéndose à hacer las averiguaciones propias del caso.
Y efecto de ellas, algo muy gra ve debió encontrar el alcalde de la Cancillería, D. Rodrigo de Sant Ilán, cuando mandó prender à Es pinosa, formándole un proceso, que no tardó en hacerse famoso porque en el quedó descubierta. toda la intriga, haste en sus más minimos detalles, siendo incluso ocupados todos los, papeles de Doña Ana, aunque el sagax rellgioso trató de intimidar à la Sopericra del convento con le amenaza de excomunión si permitía entrar en el recinto al alcalde y registrar la celda de la monja.
Pantene de Fray Gonzalo Giral, existente en la iglesia parroquial de San Nicolas
Casa de Madrigal, de Altas Torres, en que vivia el celebre pastelero, desde cuyo balcón se comunicaba con la religiosa dona Ana de Austria
Vista la complicidad del fraile fué nombrado. Juez apostólico para que interviniera en el proceso el doctor D. Juan de Llano Valdés. Efectuaronse muchas prisiones y sometiéronse al tormento á los acusados. El Rey, interesado excepcionalmente en el asunto, exigió que se procediera con todo rigor y dictada sentencia fue condenado Espinosa à ser sacado de la cárcel en un serón, arrastrado asf hasta la plaza de Madrigal, ahorcado públicamente, descuartizado después y expuestos los cuarios en los caminos y la cabeza en una jaula de hierro.
En cuanto à fray Miguel de los Santos, des- pués de degradado, fué también ahorcado en la plaza de Madrid. A Doña Ane, cuyo único delito consistia en haberse dejado seducir por las intrigas del fraile, impusosele la pena de ser trasladada al convento de Avila, permaneciendo en reclusión durante cuatro años. Otros que más indirectamente re- sultaron complicados en el asunto fueron c
LA ESPERA
Puerta de entrada al palsclo en que naclo Isabella, Ca tolica, y en el que despues se estableció la comunidad de religiosas Agus.laas
menor sospecha de la supercheria, el bueno de Es- pinosa vestido con las galas que à au rango co- rrespondien, aunque no todo lo fastuosas y ricas que para los actos de corte habría de emplear, puesto que aparecía mostrarse de incógnito, de- cidióse à ser presentado a la religiosa con quien no había de tardar en contraer matrimonio afir- mando así la posesión de la corona portuguesa y su parentesco con el soberano de España.
Persuadida la infeliz Doña Ana de la honorabi- lidad del fraile y del carácter divino de aquellas revelaciones que le había comunicado, así como de su desinterès y bondad en cuanto à ella se refe- ría, al serle presentado por el vi cario el pastelero Espinosa como el Rey D, Sebastián, no pudo pa sar por la mente de la monja ni la más ligera sospecha de que era vilmente engañada y la admiración y el respeto que le inspiró aquella primera entrevista no tardó en con- vertirse en la pasión amorosa que aquellos dos espíritus criminales, en vil consorcio, procuraron des pertar en el ánimo de la religiosa que tan incautamente dejábase co- ger en las redes que la maldad ten- día. De aquella inteligencia amoro sa, que fomentaba el astuto fraile, existe el indudable testimonio de las tiernas y apasionadas cartas que Doña Ana dirigiera à su pro- merido y cuyos originales se con-
servan.
Como la nueva de que el Rey vi vía cundió por toda España y aun pasó las fronteras y fue mucha la gente que vino de Portugal ansio- sa de verle y acatarle, y no ya co- mo rumor indigno de concederle crédito, sino como exacta noticia que se fundaba en afirmaciones. concretas y rotundas llegó á oídos. del soberano D. Felipe II, fué cosa de que la corte se preocupara hon- damente, disponiéndose à hacer las averiguaciones propias del caso.
Y efecto de ellas, algo muy gra ve debió encontrar el alcalde de la Cancillería, D. Rodrigo de Sant Ilán, cuando mandó prender à Es pinosa, formándole un proceso, que no tardó en hacerse famoso porque en el quedó descubierta. toda la intriga, haste en sus más minimos detalles, siendo incluso ocupados todos los, papeles de Doña Ana, aunque el sagax rell- gioso trató de intimidar à la So- pericra del convento con le ame- naza de excomunión si permitía en trar en el recinto al alcalde y regis Irar la celda de la monja.
Pantene de Fray Gonzale Geiral, existente en la iglesia parroquial de San Nicolas
Casa de Madrigal, de Altas Torres, en que vivia el cdle- bre pastelero, desde cuyo balcón se comunicaba con la religiosa dona Ana de Austria
Vista la complicidad del fraile fué nombrado. Juez apostólico para que interviniera en el proce so el doctor D. Juan de Llano Valdés. Efectua- ronse muchas prisiones y sometiéronse al tor- mento á los acusados. El Rey, interesado excep cionalmente en el asunto, exigió que se procedie- ra con todo rigor y dictada sentencia fue conde- nado Espinosa à ser sacado de la cárcel en un serón, arrastrado asf hasta la plaza de Madri- gal, ahorcado públicamente, descuartizado des- pués y expuestos los cuarios en los caminos y la cabeza en una jaula de hierro.
En cuanto à fray Miguel de los Santos, des- pués de degradado, fué también ahorcado en la plaza de Madrid. A Doña Ane, cuyo único delito consistia en haberse dejado sedu- eir por las intrigas del fraile, impu sosele la pena de ser trasladada al convento de Avila, permaneciendo en reclusión durante cuatro años. Otros que más indirectamente re- sultaron complicados en el asunto fueron condenados á galeras ya destierro.
La terre del palacio en que estaban instaladas las monias Agustinas, desde una de cuyas ventanas se comunicaba dona Ana de Austria con el pas:eere
FOTS. LOPER BBA
Este curioso y sensacional pro- ceso, que se conserva en el archi- vo de Simarcas, inspiró a nuestro gran poeta Zorrilla el hermoso dra- ma Traidor, Inconfeso y mártir
De todos los episodios históri cos que dieron renombre à Madri gal, aún se conservan recuerdos jan indelebles como los que repro ducen las fotografias que ilustran estas páginas y que tanta relación tienen con aquel trágico suceso que delamos descrito."
Las fortalezas que defendían el recinto, derruidas unas, en ruino- so estado otras, aún dan idea de lo que fueron.
En la plaza existen también las dos parroquias de Santa María y San Nicolás, la segunda con alta forre. A los lados del presbiterio consérvanse en data varias sun- tuosas urnas sepulcrales. En una de ellas, al pie de una eflgie de la Virgen de la Piedad, descansan el Sr. Rui González de Castañe da y su esposa D." Beatriz Gonzá lex; en otra Fray Gonzalo Guiral, comendador de Cubilla. Sobre es te panteón existe un retablo del re nacimiento entre cuyas estriadas columnas campean lá eflgie de San ferónimo y las de la Fe y la Caridad, y en la cúspide un excelente Calvario, Consérvase también en esta iglesia la pila de San Nicolás, en la que, según tradición, fué bautizada la gran reina Isabel.
Este curioso y sensacional pro- ceso, que se conserva en el archivo de Sinancas, inspiró a nuestro gran poeta Zorrilla el hermoso dra- ma Traidor, Inconfeso y mártir
De todos los episodios históricos que dieron renombre à Madri gal, aún se conservan recuerdos jan indelebles como los que reproducen las fotografias que ilustran estas páginas y que tanta relación tienen con aquel trágico suceso que dejamos descrito."
Las fortalezas que defendían el recinto, derruidas unas, en ruino- so estado otras, aún dan idea de lo que fueron.
En la plaza existen también las dos parroquias de Santa María y San Nicolás, la segunda con alta forre. A los lados del presbiterio conservan se en data varias suntuosas urnas sepulcrales. En una de ellas, al pie de una efigie de la Virgen de la Piedad, descansan el Sr. Rui González de Castañe da y su esposa D." Beatriz González; en otra Fray Gonzalo Guiral, comendador de Cubilla. Sobre es te panteón existe un retablo del re nacimiento entre cuyas estriadas columnas campean lá eflgie de San ferónimo y las de la Fe y la Cari- dad, y en la cúspide un excelente Calvario, Consérvase también en esta iglesia la pila de San Nicolás, en la que, según tradición, fué bautizada la gran reina Isabel.
JUAN BALAQUER









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