La felicidad no es un destino al que se llega un día por casualidad, sino una forma de vivir que se construye en los pequeños momentos: en lo que agradeces, en lo que eliges soltar y en lo que decides cuidar. No depende de que todo sea perfecto, sino de aprender a encontrar luz incluso cuando las cosas no lo son. Es, al final, una suma de instantes en los que te sientes en paz contigo mismo y con lo que te rodea.
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