EL RINCON DE MADRIGAL

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21 abr. 2016

Memoria en los caminos de mi tierra

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Memoria en los caminos de mi tierra

ADOLFO ALONSO ARES
21/04/2016
 
  
CASTILLA Y LEÓN es la tierra que teje los caminos que anotaron los hombres, el solar que se muestra en un silencio poblado con leyendas.
Se perpetuó a lo largo de los siglos y milenios en sus propias raíces y desde el origen ancestral, cuando en los patios y en las plazas de los pueblos se narraban sucesos, para que sus habitantes escuchasen la primera y espontanea literatura. Se llegó a la visceralidad, para que esta tierra mítica y amada vertiera su pasión en los misterios con que todos soñamos. Es la tierra que amamos, la que fue diseñada y construida en un profundo germen de senderos.
Por eso ya las primeras obras literarias se inmortalizaron en nuestros pueblos y ciudades para aunar esos símbolos y espacios que hacen fértil la vida. Cada vez que releemos el Cantar del Mío Cid, recorremos de nuevo el territorio en la provincia de Burgos con don Rodrigo Díaz de Vivar y con su séquito, trazando con la historia mi utopía, en el paisaje intenso de Castilla la Vieja y connoto los ímpetus del hombre cuando deja su espacio y se destierra: es la senda que huye sin retorno, la que fluye del ocre que contiene sedimentos del mundo imaginado. Por eso los secretos son una parte oculta del legado, tapiz en la memoria de los pueblos.
En la provincia de Palencia, a través de los Campos Góticos, el románico del norte y el Canal de Castilla, discurrimos por veredas que avecinan lugares y con leyendas, como hitos fundamentales de la mejor memoria que se ha escrito y me llega la intensidad de Alfonso X el Sabio en Villalcázar de Sirga y la Virgen de las Cantigas y el adobe, y el tapial de los edificios que rememoran tiempos no lejanos. También en Carrión de los Condes recorrí con el Marqués de Santillana, don Íñigo L. de Mendoza, esos mundos intensos que se nutren con un río que abarca el infinito. O en Paredes de Nava o la fisonomía de la villa medieval que se impregna en el sedimento de Gómez Manrique y de Jorge Manrique y de las Coplas a la muerte de su padre, o incluso a la emoción de todos los artistas Berruguete que connotaron la versión de la belleza en un mundo nutrido de emociones, que aun cobijan tantos templos próximos a Becerril a Amusco o a Cisneros.
En León se custodian también nuestros viejos caminos penitentes, desde la devoción, cuando el Padre Isla hizo andar a fray Gerundio o a fray Blas o al cojo de Villaornate, que no era cojo de teta y lo fue por andar a nidos.
Los sedimentos mundanos de Mansilla de la Mulas y de la ciudad de León con los remordimientos, si acaso los tuviera, de la Pícara Justina. Y el Bierzo recóndito y sublime donde la vegetación se extiende más allá de los bosques somnolientos de hayas y abedules y la legendaria Villafranca, con los recorridos y senderos que sugirió Gil y Carrasco en el desarrollo de su obra y desde su primera residencia en la Calle del Agua. Y la Astorga de los caminos de Sequeda y Maragatería de los hermanos Panero y Ricardo Gullón.
Esta es por tanto una tierra, que se perpetúa en sus alientos, en el quehacer del hombre humilde que nació y vivió en Tábara, como León Felipe o meditó con Claudio Rodríguez cuando en sus prosas o sus versos se desgrana la tersura de los campos de Zamora. El lago de Sanabria y la literatura que quizá, en torno a él, desgarró la meditación de don Miguel de Unamuno, haciendo de Valverde de Lucerna un pueblo en las profundidades y en él, un nuevo hito para la imaginación, para que lo irreal fuera cierto. O de esa Salamanca plena donde don Miguel vivió y enseñó, siglos después de que lo hubiera hecho fray Luis y pudieran gestarse, en la ciudad de plaza porticada, peripecias y ensueños de Lázaro de Tormes o presagios y evocaciones de la Celestina o la anécdota de que la primera edición del Quijote estuviese dedica al Duque de Béjar, o la lectura indómita y visceral de la obra de Feliciano de Silva desde casi la frontera de Portugal; porque Ciudad Rodrigo es urbe monástica y cabecera de diócesis. Fue y sigue siendo referencia plena de los caminos que cruzaban desde la mejor literatura, en el itinerario cíclico de Castilla y León.
Ávila y Santa Teresa en la profundidad y pensamiento de la obra tajante y sorprendente que se rodea de los lugares afortunados entre los que cito Fontiveros, pueblo de Juan de Yepes, ese muchacho dócil que recorrió tantas veces los caminos hacia Arévalo, Medina del Campo o Madrigal de las Altas Torres y que vivió pleno en la humildad de monacatos pobres que acumulan el más alto esplendor de la poesía.
La comunidad de Castilla y León es la extensión que se asemeja a un océano porque tiene como frontera el infinito y cuando llega a los campos de Soria lo hace para recorrer sus caminos y sus laderas en el Monte las Ánimas con Gustavo Adolfo Bécquer y después con Antonio Machado en la reflexión del Duero, como padre de ríos con curva de ballesta. La vegetación de álamos y olmos de sus orillas se conformó en la inspiración de la gran literatura que después, años después, Gerardo Diego transitó y colmó con versos inherentes y concisos que consignan también nuestro silencio. La efeméride y entrega de Gaya Nuño permanece en Numancia, sobre todo, por ser autor del Santero de San Saturio y así con él suscribo la palabra que se forja cuando el arte es legado.
En Valladolid viajo en los caminos con Miguel Delibes y por eso admiro y me inmiscuyo en la más plena y humanizada naturaleza y en los campos de cereal que se doran al sol de los veranos y concurren como alimento, en la tierra de palomares y graneros. Pero he de recordar de nuevo al Cervantes que vivió en esta capital, desde la que construyó parte de su obra y a Zorrilla y a su don Juan Tenorio y a Guillén y Francisco Pino y a Andrés Quintanilla.
Segovia en el eje de la piedra unida  acueducto, pero también en la emoción del poeta que asistió y quedó para la eternidad en las entrañas de la provincia, porque Jaime Gil de Biedma se erigió dolmen de la poesía intimista desde Nava de la Asunción y allí duerme su mundo insólito y colmado.
Es por tanto, esta renovada y discreta comunidad de Castilla y León, un eje de emociones que se consagran en la raíz que ahueca lo que anoto. Un fértil holocausto de placeres que deforman la vida y el sesgado color que mimetiza diferentes paisajes. Es tierra de caminos y de torres, de almenas y espadañas… Hoy sigue soslayando en sus quimeras y aderezando rauda otros destinos que allegan tantos pueblos que aún se visten, con el color del mundo. Porque son campos fértiles que ensanchan todo el oro de viejos cereales, cuando la vista pierde sus latidos. Es la tierra que abunda en los vestigios que siguen consagrando en lo que hilvana la lengua que brotó de estos anhelos. Se habla en el planeta en castellano y eso nos acerca a lo que somos: habitantes del mundo sin fronteras. Porque el idioma acerca otras culturas que llegan a nosotros desde pueblos que han aprendido a hablar como aquí hablamos. Por eso los caminos que concilio se han vuelto legendarios y han anotado más en sus acervos.
La Ruta de la Plata y el Camino de Santiago que cruza, camina lentamente el territorio. Pero también las nuevas autovías que a gran velocidad han acercado los núcleos de esta mítica memoria. Y la reciente llegada de los trenes de alta velocidad que a veces modifican los paisajes.
Son caminos de acero que hacen volar los tiempos de la vida y en una conjunción casi sagrada podemos transitar un territorio del modo que jamás imaginaron, quienes trazaron muchos de estos pueblos.
Hoy la comunidad de Castilla y León se inmortaliza henchida en la memoria, pero también en el futuro que se hospeda partiendo del presente que acoge con vehemencia las premisas de su modernidad. Recorro con frecuencia nuestro territorio para anotar pasiones que acomodan los tiempos venideros, y vivo en sus entrañas y participo aquí de los atisbos que dejan que nutra en esta tierra todo el tiempo que pulsa mi pasado. Después llega el enigma que acentúa un eco de nostalgias y miro siempre atento hacia el futuro si late en él certera la esperanza.
En Castilla y León se agrupa con fervor ese misterio que se dirige a tiempos venideros, a la mejor nobleza de los hombres que esbozan los paisajes y me aproximo a ellos muy despacio.
Soy el hombre que vive muy cerca de un camino.

http://www.diariodesoria.es/noticias/una-mirada-a-castilla-y-leon/memoria-caminos-tierra_58960.html

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