EL RINCON DE MADRIGAL

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12 may. 2013

María Celina Bermúdez Arias

 
 
 
 

 

«Aquí es más sencillo conseguir fondos para crear un grupo de investigación»

diariodeavila.es - domingo, 12 de mayo de 2013
 
EL que está considerado como el mejor centro de ingeniería del mundo, el Massachusetts Insitute of Technology, el MIT, cuenta desde el pasado mes de abril con representación abulense. Se trata de María Celina Bermúdez Arias, una joven investigadora que se encuentra realizando en el corazón universitario de Boston parte de su tesis doctoral.
Estoy en el departamento de Química del MIT, en el laboratorio del profesor Robert W. Field, y mi especialidad es la química-física experimental, concretamente, la espectroscopia de microondas», comienza a explicarnos María Celina, que disfruta como una niña de la pasión por la ciencia que encuentra en aquellos que allí la rodean. «Cuando conoces a alguien enseguida te pregunta por tu trabajo científico y se ponen a discutir contigo sobre temas científicos, algo que, muy rara vez me ha sucedido en España», lamenta nuestra investigadora, que nos explica cómo «en el área de Boston hay más de 250.000 estudiantes distribuidos en unos cuen centros universitarios», entre los que destacan Harvard y el MIT, ambos en la zona de Cambridge. «A pesar de tener zonas y eventos comunes, hay una gran rivalidad entre ambos centros», descubre María Celina, que va más allá al descubrir que «este año el MIT le ha quitado a Harvard el puesto como mejor universidad del mundo en general, pero en cuanto a ingeniería, el MIT ha sido superior siempre». Es más, cuenta María Celina que lo que allí se dice es que «Harvard es donde van los ‘niños de papá’ y al MIT, los verdaderos científicos».
Así que el día a día de María Celina discurre rodeada de universitarios y hermandades, como si de una película se tratara. «Los primeros días alucinaba», recuerda su ‘aterrizaje’ en tierras estadounidenses. «Era una situación surrealista, parecía que estaba en una película», y se refiere a los grandes contrastes que fue encontrando a su paso: rascacielos al lado de iglesias ‘antiguas’; el pobre borracho durmiendo a la calle y a su lado pasando el millonario; el ejecutivo que sale de trabajar y lleva las zapatillas deportivas en la bici... «Y banderas de Estados Unidos en la mayoría de los edificios», apunta la investigadora, que habla de que se trata «de un país orgulloso de su bandera, en el que la gente lucha mucho por aquello que quiere: han de ser los mejores en lo que hacen y ésa es su principal prioridad». En el otro lado de la moneda, destaca María Celina que el estadounidense es «clasista», ya que si bien todos conviven, «sólo se relacionan con aquellas personas de su mismo estatus, medido en función del trabajo que desempeñan».
Nos cuenta María Celina que sus días discurren en su mayoría en su laboratorio y que se despeja paseando o corriendo a orillas del río Charles. Y que los fines de semana es cuando aprovecha para salir algo más con sus amigos. «Pero sólo hasta las dos de la mañana, porque Massachusetts es uno de los estados más restrictivos en cuanto a la fiesta y al alcohol», descubre.
Y ésta, junto con los horarios en las comidas, no es la única divergencia que durante su estancia en Boston ha encontrado respecto a España. «Las diferencias están en las prioridades que tienen en la vida», reflexiona. «Un estadounidense está más preocupado por el éxito en todo aquello que hace, y las preferencias de un español están más ligadas a su vida social, la familia y el bienestar. El español también está preocupado por el trabajo, por supuesto, pero como requisito para poder mantener el resto de las cosas», argumenta su teoría.
Por cierto que María Celina se convirtió hace pocas semanas en nuestra informadora de excepción tras el dramático atentado de la Maraton de Boston. «Fui a verlo, estuve en la última parte del recorrido, a unos 500 metros de donde explotó la segunda bomba», recuerda. Media hora antes de que explotaran las bombas su grupo decididó regresar al laboratorio, desde donde tuvo noticia del atentado y donde permaneció para tranquilizar a su familia y viendo las noticias hasta que todo estuvo algo más calmado. «Fue un día bastante duro», rememora. Como duros y «extraños» fueron los días posteriores al tiroteo en el MIT. «Ese viernes, por primera vez en mucho tiempo, cerraron el campus y no se podía salir a la calle», se entristece al recordarlo. «Fue un duro golpe, sobre todo para la gente que vive en Cambridge, acostumbrada a un ambiente tranquilo y seguro», se despide de nosotros.
 

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