EL RINCON DE MADRIGAL

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23 abr. 2012

Una nueva revista



Una nueva revista



La creación de una nueva revista especializada en patrimonio siempre es una buena noticia. La publicación electrónica, auspiciada por el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Granada, se llama “Quiroga. Revista de Patrimonio Iberoamericano”. Con el título se han querido recoger los ideales utópicos de don Vasco de Quiroga en Michoacán (México) en el siglo XVI, uniéndose a proyectos novedosos, pero también difíciles por el esfuerzo y el tesón de mantener en pie. El subtítulo “Revista de Patrimonio Iberoamericano” integra las líneas generales de los contenidos, señalando el espacio cultural tanto de la Península Ibérica como el Americano como referentes, sin olvidar la proyección e influencias sobre entornos y territorios diferentes. La intención es que tenga una secuencia semestral y que el número uno esté colgado en el servidor a fines de junio, saliendo el segundo para fines de diciembre de 2012.


Vasco Vázquez de Quiroga y Alonso de la Cárcel (Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 1470 – Uruapán, 1565) fue administrador colonial y eclesiástico español. Nacido en el seno de una ilustre familia gallega, estudió Humanidades y leyes en la Universidad de Valladolid y en 1528 fue nombrado miembro de la Real Chancillería vallisoletana. Por su preparación fue nombrado oidor de la segunda Audiencia de México, presidida por Ramírez de Fuenleal (1530-1535), a la que se confió el asentamiento del orden jurídico en México, en sustitución al impuesto por los conquistadores.


La espantosa miseria en que estaban sumidos los indios de la capital mexicana “vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos”, como escribió, le indujeron a fundar en 1531 el hospital de Santa Fe, a dos leguas de la ciudad, donde atendía a enfermos y desamparados y aprovechaba para instruirlos en la fe. Los naturales empezaron a poblar sus alrededores y los españoles se dirigieron por ello a la Audiencia para responsabilizar a Quiroga del despoblamiento que sufría gradualmente la capital mexicana.


El oidor Quiroga fue destinado luego a Michoacán, para visitar la tierra y el trato que se daba a los tarascos. El letrado quedó nuevamente impresionado por lo que veía y especialmente por la esclavización de los naturales, a los que se marcaba con hierros candentes. En su informe al Presidente de la Audiencia condenó la práctica esclavista. Luego fundó otro hospital en Tzintzuntzan, junto al lago de Pátzcuaro, semejante al de México.


En 1535 regresó a la capital mexicana donde fue presentado como aspirante al cargo de obispo de Michoacán. Vasco de Quiroga había tomado los hábitos de San Francisco y estaba apenas tonsurado, pero fray Juan de Zumárraga avalaba su nombramiento para la diócesis vacante, por haber renunciado a la misma el dominico fray Luis de Fuensalida. Ordenado sacerdote en 1538, fue nombrado Obispo y recibió la consagración de manos de Zumárraga. Al año siguiente los obispos mexicanos se reunieron para restringir los bautismos masivos de indios a solo los catecúmenos y necesitados y encargaron a Quiroga el Manual de Adultos, impreso en 1540.


Durante su tarea sufrió la enemistad de algunos colonos españoles, que abandonaron Pátzcuaro para fundar una ciudad rival con el apoyo del virrey Antonio de Mendoza. El nuevo asentamiento recibió el nombre de “ciudad de Michoacán” (1541), antes de ser nombrado sucesivamente como Guayangareo, después Valladolid y finalmente, consumada la independencia de México en el siglo XIX, Morelia nombre que recibió la ciudad, hoy capital del estado de Michoacán, en honor al patricio de la guerra de independencia José María Morelos y Pavón.


Quiroga falleció el 14 de marzo de 1565 en Uruapan. Sus restos se encuentran actualmente en un mausoleo, dentro de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, en Pátzcuaro. Se ha introducido recientemente la causa para su canonización. Existe un monumento en su memoria erigido en Madrigal de las Altas Torres con motivo del Quinto Centenario de su Nacimiento, escultura que recibe anualmente una ofrenda floral para celebrar el hermanamiento de dicha villa con el municipio de Pátzcuaro.


Acorde con el anhelo renacentista de un mundo puro, la cultura española tradicionalista logra enlazarse a la influencia humanista, con el prospecto de las nuevas tierras descubiertas, bajo una tendencia naturalista como depuradora, que al ser inoperante en la Europa de esos años, invita a su implantación en la humanidad nueva. Los simpatizantes españoles de la Utopía de Tomás Moro siguen con extraordinaria acogida la orientación humanista de la misma, siendo la figura de Vasco de Quiroga, en su carácter de magistrado, la forma como se puede ajustar la vida de los pueblos descubiertos al esquema utópico reinterpretado por el oidor.


El ideal de Quiroga se planteaba en general, como la fundación de poblados agrícolas, sujetos a ordenanzas y convivencia con frailes que hicieran hábito de virtud. Basado en la semejanza del indígena con los apóstoles, en la humildad y simplicidad con que se mostraban, deseaba implantar una forma parecida a la primitiva iglesia cristiana, dejando constancia de esto en sus primeras cartas enviadas a España en 1531. Años después, describe en su “Información en Derecho” de 1535, diversos temas en los que trata de la guerra, la esclavitud, rescates, poblaciones y costumbres como encargo de la corona española a la Segunda Audiencia de México, siendo aquí donde se identifica por segunda vez su adhesión al ideal de Tomás Moro, en el anhelo de un mundo sencillo y perfecto donde la Utopía serviría de método, infundiendo a este magno proyecto una elevadísima moral humanista.


Como ya hemos citado, en el período de 1531 a 1535, Vasco de Quiroga impaciente, funda a dos leguas de la Ciudad de México, con su propio salario, el primer modelo de poblado utópico, llamado hospital-pueblo de Santa Fe. Fundó después, bajo el mismo modelo, otro centro en Atamataho Michoacán en el año de 1533. Cuatro años después, en 1537, es elegido obispo de Michoacán, hecho que no le impide seguir organizando poblaciones y ampliando con esto sus posibilidades, ya que mandó instruir a las poblaciones en diferentes industrias para enlazarlas por la necesidad de los intercambios. Después de su gran esfuerzo personal que llega hasta el grado de vender sus propias vestimentas, según datos proporcionados por otros personajes de la época, Quiroga se encarga desde su obispado de aplicar minuciosamente su esquema utópico, dejando atrás poco a poco la intención continental de su aplicación, y dirigiendo su esfuerzo hacia aquellos poblados de dimensiones mas realistas, transformándolos con su salario.

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